viernes, 24 de mayo de 2024

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Alicia Muñoz


A veinte palmos del suelo.

El autor se muestra muy valiente al abordar un problema perteneciente a la filosofía que ha sido una constante en la historia del pensamiento, y es que el dualismo cuerpo-alma resulta una cuestión eternamente pendiente en la antropología filosófica. La dicotomía entre un alma imperecedera y un cuerpo corruptible se muestra ya en la tradición órfico-pitagórica, de la cual Platón recibirá influencias. El alma “cae” en el cuerpo y se encuentra atrapada en él hasta que este perezca. Otros autores como por ejemplo Descartes también defendieron siglos después una teoría antropológica dualista.

En el Fedón, diálogo en el que se relata la conversación que tuvo Sócrates con sus amigos el último día de su vida, se discute el tema de la inmortalidad del alma.

¿Por qué el verdadero filósofo no teme a la muerte? Porque ella le libera del cuerpo, que es un obstáculo para el alma en la búsqueda de la verdad. Pero, para que el filósofo, liberado del cuerpo, pueda alcanzar la verdad únicamente con su alma, es necesario que esta sea inmortal. La muerte, en la medida en que significaría la liberación del cuerpo para el alma, llega a presentarse como el fin que debe perseguir el alma filosófica, y la filosofía, en tal sentido, no es más que una preparación para la muerte. El alma, por lo demás, es considerada como una realidad simple cuya naturaleza se identifica con la razón o intelecto; no se establece ninguna relación pues entre el alma y las pasiones o la sensibilidad. Tranquilos, todo esto no es una lección rápida de filosofía sin más, veremos que sí tiene que ver con la temática de la novela. Y, es que la muerte acaba trayendo el entendimiento, de algún modo. Leyendo la novela, encontramos una sugerencia al respecto, tan sensata, posible y conveniente, que no podemos más que agradecer al autor que nos la haya presentado.

Sin duda, la historia que se nos cuenta, además de enganchar y entretener, pues se trata de una vida con muchos matices, intenta responder a alguna de las grandes preguntas de toda la historia de la humanidad; ¿qué hay después de la muerte?, ¿tenemos alma inmortal?, ¿y si tenemos alma inmortal o principio de inmortalidad, ¿cómo se interrelaciona en este mundo, con el cuerpo y la mente-psique-cerebro humano…? ¿es posible que alcancemos entonces una perspectiva y lucidez tan distintas que acabemos entendiendo y dando sentido a todo lo que hicimos? ¿es posible que recobremos entonces la cordura, que nos arrepintamos de lo no correcto, que consigamos encontrar la paz con nosotros mismos?

Hay cuestiones que son enormemente complejas y enormemente enigmáticas y misteriosas, como esta de la muerte o de la posible vida después de ella, sin embargo, a través de una historia bien narrada y construida, podemos acabar entendiéndolas.

Seguro que, en algún momento, hemos pensado: “¿Yo qué soy, tengo solo cuerpo? ¿hasta qué punto es el cerebro especial? o, ¿además de tener cuerpo-carne que acabará siendo polvo, tengo alma inmortal? Pues bien, la respuesta no requiere de pruebas científicas, no nos hacen falta, la respuesta viene aquí de la mano de una novela atrevida en la que se juega con las probabilidades: “nunca pudiste imaginar que eso de la 'otra vida' era estar levitando sobre las cabezas de tu familia, amigos y conocidos…” (pág. 18).

Y digo “atrevida” por varias razones: la narración predomina en segunda persona, aunque también la hay en primera y en tercera. Se trata de un juego literario que requiere de atención y buen dominio por parte del escritor. Trata temas universales como el amor y la muerte y los trata con la complejidad que necesitan. Nada es lineal o simple, todo puede tener varias lecturas y se nos presenta desde diferentes perspectivas. El autor nos proporciona un fondo musical: hay citas frecuentes de la melodía que acompaña al protagonista o al resto de personajes: la Rotterdam Philharmonic Orchestra, Mozart, Diana Damrau, Beethoven, Puccini, David Gilmour, Dulce Pontes, Silvio Rodríguez o Camarón. Se adentra en el tema de la enfermedad y describe sus síntomas (Alzheimer), como una prisión, una batalla diaria con un enemigo en la que la muerte supone la libertad, ya que trae el recuerdo “toda la memoria que cabe en una dilatada vida y que habías perdido” (pág. 25). Insinúa “secretos” que toca al lector completar. Nos invita a no esperar a la muerte para valorar a determinadas personas, situaciones… Escribe una novela dentro de la novela. También podemos entrever algún aspecto personal (el nieto…).

Sorprendentemente, tras la muerte uno está mejor, se ha recuperado la capacidad intelectual y se pueden ver y entender muchas cosas. Además, se tiene una facilidad increíble para recordar lo que antes se había perdido en el olvido propio de los años y la dolencia del protagonista.

Quisiera destacar que no me quedo en la mera ficción, sino que la historia nos hace reflexionar y plantearnos cosas sobre nuestra propia vida y la de nuestros familiares. Hay lazos afectivos y amores que no pueden explicarse, hay errores que tal vez podríamos haber evitado, pero que solo se ven con claridad una vez se han cometido. La infidelidad, las adicciones, la enfermedad e incluso algún que otro delito sobrevuelan la vida de los personajes y se van intercalando varias historias paralelas en un juego narrativo para el que el autor ha demostrado una gran habilidad y que nos mantiene el interés por saber más. Y, al final, resultará que ese tiempo “extra” que el protagonista ha descubierto sirve para poner muchas cartas boca arriba y para dejar varios asuntos cerrados tras haberles encontrado el sentido. En definitiva, no hay un cielo ni un infierno, sino tan solo unas vidas expuestas y el reconocimiento de una vulnerabilidad que todos, de alguna manera, poseemos.  Un tiempo “extra”, una especie de “prórroga” de la que todos querríamos poder disfrutar.

Alicia Muñoz

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