miércoles, 29 de mayo de 2024

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Andrés Amat

 

[30/10/2023].  

Agradabilísima sorpresa. Recordarás que esta es quizá la novela a la que más reparos le había puesto y a la que más veces le había puesto reparos, pues recordarás también que son varios los borradores de esta novela los que me habías enviado y que en cada uno de ellos te decía que ibas dando palos de ciego.

Creía, por el tiempo transcurrido y las otras varias obras que habías ido escribiendo entretanto, que habías arrinconado definitivamente esta novela. La sola historia de Santiago y su familia adolecía de cierta falta de interés, pecaba de cierto estancamiento que no lograba atrapar al lector. Pero ahora, aparte de las acertadas modificaciones que has hecho en ella, la inclusión de esa otra novela dentro de la novela que es la historia de Mateo y Violeta (muy mejorada también con respecto a las versiones anteriores que de ella conocía) es un acierto esencial, la tecla que había que tocar, el atrevimiento al que había que atreverse. Aparte de que esta segunda historia acrecienta el interés, hace que la novela alcance un nivel metaliterario, por los paralelismos (casi diría convergencias, pues las paralelas solo se encuentran en el infinito) que se establecen entre ambas historias.

Agradabilísima sorpresa, reitero.

 

[8/5/2024]

He vuelto a leer "A veinte palmos del suelo", pues el último recuerdo, ya lejano, era el del último, no ya borrador, sino manuscrito prácticamente definitivo, aquel sobre el que te dije "ahora sí" y, a la manera episcopal, te di el "Nihil obstat. Imprimátur". Supongo que no habrá habido grandes variaciones entre el manuscrito y el libro ya publicado, pero ahora, al leerlo, me ha parecido aún mejor de lo que recordaba. No sé, igual es el efecto psicológico de verse liberado de la pantalla de ordenador o incluso del texto impreso informáticamente y enfrentarse con un libro de verdad. Bueno, sé que seguiré condenado a quemarme los ojos ante farragosos borradores borrosos, pero el resultado lo compensa.

Ha habido dos momentos en especial que me han gustado mucho, pues demuestran que no eres tan intuitivo, o solo intuitivo, como piensas, sino que, aunque sea a base de capuchinos y collejas, llegas a saber muy bien lo que haces. Son dos detalles de buen narrador: el hacer coincidir el accidente de Mateo con esa comida familiar tan accidentada, por una parte, y por otra el narrar muy cerca el momento en que Violeta dice a Mateo que es su hija y el de la aparición de Santiago hijo. 

Hay una incoherencia narrativa parecida a la de las velas de cumpleaños. Al principio del capítulo 24 (pág. 249) Santiago imagina su cuerpo "poblado de gusanos", y al final del mismo capítulo (pág. 255) describes una inscripción en una lápida, lo que da a entender un enterramiento, sin embargo, en la página 44, penúltimo párrafo, dices: "...y esperas asombrado a que pasen las veinticuatro horas preceptivas para tu incineración". Como lo de las velas, más o menos, pero ahora separado por muchas páginas. Me parece más importante lo del final de la página 153. No sé si es un error o una errata, ni si tuyo o de la editorial. Dices: "Más tarde acudía de nuevo a la residencia con la autorización firmada por Mateo". Este "acudía", aparte de que sintácticamente chirría un tanto en la frase, indica que la acción ya se ha cumplido, pero es más adelante (págs. 160-161) cuando Violeta le pide la autorización a Mateo. Entonces, ese "acudía" debería ser "acudiría", indicando así la acción como futura. La cosa ya no tiene remedio.

Ya te digo: mejor todavía de lo que la recordaba.

Andrés Amat Gomar

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