El difunto
Santiago, protagonista de la novela, rememora desde un simbólico más allá (el
techo de su habitación, a veinte palmos del suelo), su historia y la de su
familia. Esta historia, que ya por sí sola despierta el interés del lector, se complementa
con una embrionaria novela dentro de la novela, la peripecia de Mateo y
Violeta, de indudable nivel metaliterario, que hace que la novela juegue con
los paralelismos (casi se diría convergencias, pues las paralelas solo se
encuentran en el infinito) que se establecen entre ambas historias.

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