miércoles, 26 de junio de 2024

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Enric Olivares Torres


      A propósito de “A veinte palmos del suelo”.

Abordar la pérdida de la memoria, la identidad, las relaciones más íntimas y cercanas o los desafíos cotidianos, no solo desde el punto de vista del enfermo sino también de su familia o amigos, nos sitúa ante el espejo de una realidad poliédrica con profundas derivadas emocionales, psicológicas e, incluso sociales. Más si el protagonista de esta historia ya no está entre nosotros.

Esa es la propuesta inicial de la última novela de Alfredo Cot, A veinte palmos del suelo, quien se nos reconoce, una vez más, como un autor brillante por su capacidad de explorar las complejidades de la condición humana con una prosa clara y evocadora, llena de matices y capaz de capturar tanto los momentos de dolor como los de esperanza con una gran belleza. Desde sus primeras páginas, Alfredo consigue captar nuestra atención con una narrativa profunda y emocionante. Las descripciones son vívidas e inmersivas, transportándonos al interior vital de su protagonista.

Pero A veinte palmos del suelo es una novela ciertamente más compleja que explora las vidas de Santiago y su familia. El protagonista, para sorpresa del lector y por obra y gracia del realismo mágico en el que nos sumerge su autor, está muerto después de sufrir Alzheimer. En esos primeros instantes el finado se adentra en un espacio nebuloso con gran confusión mental. Cuando se convierte en espíritu, sus recuerdos retornan y se mezclan con lo que presencia en su casa: los movimientos y relaciones de su mujer Dominica, sus hijas, sus nietos, y los secretos o pasados problemáticos de cada uno de ellos. A medida que se revelan secretos familiares y pasajes, emerge un retrato más complejo de Santiago.

Su espíritu, flotando sobre el techo, observa los movimientos y relaciones de su familia mientras recupera aquellos recuerdos perdidos que le hurtó la enfermedad. A medida que sus memorias emergen, el autor de la novela nos presenta un segundo relato, escrito por el propio difunto años atrás y que ha sido descubierto por su nieto entre cartas olvidadas y otros detalles en su despacho.

Esta segunda historia, que añade una dimensión metaliteraria y enriquece el relato, revelará un perfil de Santiago que no coincide exactamente con lo que todos conocían de él y que sorprenderá a sus seres más queridos.

Esta novela genera una historia adicional y paralela dentro de la narración general. Basada en dos personajes de ficción, Mateo y Violeta, parece estar inspirada de manera autobiográfica en la vida de Santiago. Sus protagonistas, al igual que aquel, intentan hacer recuento de sus vidas hasta descubrir un punto en común: Susan, personaje misterioso que liga todas estas historias literarias hasta un punto de fuga convergente.

La novela destaca por su profundidad emocional, explorando temas tan universales como la propia condición humana, la resiliencia y la conexión entre las personas, todo ello a través de una narrativa lírica bien estructurada y con un estilo depurado y de gran riqueza en el léxico.

Una de las reflexiones centrales gira en torno a la inmortalidad del alma y la perspectiva de la vida después de la muerte. Esta novela presenta la muerte como una liberación de las limitaciones físicas, ya que el alma puede recuperar recuerdos y ganar una comprensión más profunda de lo que ha vivido, una idea parecida a la que proponía Sócrates en el Fedón, tal y como recordaba Alicia Muñoz en la reseña que le dedica a la novela de Alfredo Cot.

También reflexiona sobre la importancia de la memoria y su papel en la construcción de la identidad. El protagonista, Santiago, tras su muerte, recobra los recuerdos que el Alzheimer le había robado, planteando la idea de que la verdadera esencia de las personas puede ir más allá de las enfermedades que deterioran la mente.

Además, la novela explora también la cuestión de la segunda oportunidad y la redención. En su nuevo estado espiritual, el protagonista tiene la oportunidad de ver y comprender las complejidades y los secretos que rodeaban su vida, lo que sugiere que la muerte no es solo un final, sino también una posibilidad de entender lo que no se ha podido hacer en vida, lo que aporta una cierta paz y reconciliación post mortem.

Autor ya consolidado como lo demuestran sus novelas El bulevar de las hormigasCien días de otoñoPeinar el vientoLa última cenaAbecedario de Flores o la adaptación de la Odisea, con su última obra Alfredo Cot se revela definitivamente como un narrador capaz de crear historias capaces de tocar el alma del lector.

Enric Olivares Torres

miércoles, 29 de mayo de 2024

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Andrés Amat

 

[30/10/2023].  

Agradabilísima sorpresa. Recordarás que esta es quizá la novela a la que más reparos le había puesto y a la que más veces le había puesto reparos, pues recordarás también que son varios los borradores de esta novela los que me habías enviado y que en cada uno de ellos te decía que ibas dando palos de ciego.

Creía, por el tiempo transcurrido y las otras varias obras que habías ido escribiendo entretanto, que habías arrinconado definitivamente esta novela. La sola historia de Santiago y su familia adolecía de cierta falta de interés, pecaba de cierto estancamiento que no lograba atrapar al lector. Pero ahora, aparte de las acertadas modificaciones que has hecho en ella, la inclusión de esa otra novela dentro de la novela que es la historia de Mateo y Violeta (muy mejorada también con respecto a las versiones anteriores que de ella conocía) es un acierto esencial, la tecla que había que tocar, el atrevimiento al que había que atreverse. Aparte de que esta segunda historia acrecienta el interés, hace que la novela alcance un nivel metaliterario, por los paralelismos (casi diría convergencias, pues las paralelas solo se encuentran en el infinito) que se establecen entre ambas historias.

Agradabilísima sorpresa, reitero.

 

[8/5/2024]

He vuelto a leer "A veinte palmos del suelo", pues el último recuerdo, ya lejano, era el del último, no ya borrador, sino manuscrito prácticamente definitivo, aquel sobre el que te dije "ahora sí" y, a la manera episcopal, te di el "Nihil obstat. Imprimátur". Supongo que no habrá habido grandes variaciones entre el manuscrito y el libro ya publicado, pero ahora, al leerlo, me ha parecido aún mejor de lo que recordaba. No sé, igual es el efecto psicológico de verse liberado de la pantalla de ordenador o incluso del texto impreso informáticamente y enfrentarse con un libro de verdad. Bueno, sé que seguiré condenado a quemarme los ojos ante farragosos borradores borrosos, pero el resultado lo compensa.

Ha habido dos momentos en especial que me han gustado mucho, pues demuestran que no eres tan intuitivo, o solo intuitivo, como piensas, sino que, aunque sea a base de capuchinos y collejas, llegas a saber muy bien lo que haces. Son dos detalles de buen narrador: el hacer coincidir el accidente de Mateo con esa comida familiar tan accidentada, por una parte, y por otra el narrar muy cerca el momento en que Violeta dice a Mateo que es su hija y el de la aparición de Santiago hijo. 

Hay una incoherencia narrativa parecida a la de las velas de cumpleaños. Al principio del capítulo 24 (pág. 249) Santiago imagina su cuerpo "poblado de gusanos", y al final del mismo capítulo (pág. 255) describes una inscripción en una lápida, lo que da a entender un enterramiento, sin embargo, en la página 44, penúltimo párrafo, dices: "...y esperas asombrado a que pasen las veinticuatro horas preceptivas para tu incineración". Como lo de las velas, más o menos, pero ahora separado por muchas páginas. Me parece más importante lo del final de la página 153. No sé si es un error o una errata, ni si tuyo o de la editorial. Dices: "Más tarde acudía de nuevo a la residencia con la autorización firmada por Mateo". Este "acudía", aparte de que sintácticamente chirría un tanto en la frase, indica que la acción ya se ha cumplido, pero es más adelante (págs. 160-161) cuando Violeta le pide la autorización a Mateo. Entonces, ese "acudía" debería ser "acudiría", indicando así la acción como futura. La cosa ya no tiene remedio.

Ya te digo: mejor todavía de lo que la recordaba.

Andrés Amat Gomar

sábado, 25 de mayo de 2024

Cubierta

 


A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Francisca Llácer Llorca


He pasado unas horas muy entretenida y cautivada por los avatares de la familia Tortosa: de Santiago, de Dominica, de sus hijas, sus nietos… y por los de Violeta y Mateo, quien creo que es, en realidad, la auténtica voz del autor. 

La novela me ha parecido un prodigio de imaginación. La habilidad del autor para navegar entre la ficción y la realidad,  hilvanar esas historias ficticias con más realidad que la vida real, superpuestas y convergentes, me parece  un despliegue de buen oficio, igual que ese desenlace que, a pesar de las apariencias, tiene poco de ficción y mucho de confesión de alguien que, a pesar de alardear de “ descreimiento” duda de si algo mejor que “esto” nos esperará en el Valle de Josafat después de nuestra muerte. Creo que toda la novela gira en torno a esa pregunta. 

A pesar de tratar un tema tan trascendente, la novela no está exenta de una mirada irónica, crítica y divertida de la que el autor no puede prescindir al tratar de diversos aspectos de nuestra realidad cotidiana. 

Una lectura deliciosa que engancha desde las primeras páginas. Muy recomendable

Francisca Llácer Lorca (20/05/24)

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Fuensanta Niñirola.


       Novela de estructura compleja, que engarza distintas historias con un hilo conductor: la vida del protagonista y las vidas de su familia y otras personas relacionadas con ellos. Lo curioso es que parte de la muerte del protagonista, Santiago Tortosa. Alguien, otro espíritu como Santiago, relata todo lo que pasa y le pasa. Una vez muerto, el espíritu (alma, cuerpo astral o como se le quiera llamar) de Santiago se sitúa, flotante, trasparente, incoloro e inodoro, en el techo de la habitación del hospital que aún ocupa el cadáver. Posteriormente flotará en los techos de su casa, siguiendo los movimientos de su familia: su viuda, Dominica, sus hijas Isabel y Rosario, sus nietos Almudena y Raúl. 

Digamos que esta es la estructura base, pero sobre ella, o, mejor dicho, entrelazada a ella, está la lectura de la novela que Raúl descubre en el despacho de su fallecido abuelo y que crea en él una fuerte adicción, tal que no puede apenas dejar de leer. Esa novela crea una historia dentro de la narración general, pero a su vez, el relato recrea dos personajes de ficción, Mateo y Violeta, que a su vez tratan de hacer recuento de sus vidas por separado hasta descubrir un punto en común: Susan. Quien pueda ser este misterioso personaje lo descubrirá el lector al leer la novela.

Santiago fallece tras largos años de padecer Alzheimer, Y, por lo tanto, de sumergirse en el neblinoso olvido y la confusión mental, con gran pena de sus familiares. Pero desde que pasa a ser un espíritu incorpóreo, los recuerdos vuelven, mezclándose con lo que va presenciando en su casa, los movimientos de su familia, las relaciones entre sí de la abuela, las hijas, los nietos…que casi todos tienen una historia detrás, unos secretos o un pasado problemático.  Pero el principal pasado es el del propio Santiago, qué va surgiendo de modo paralelo con sus —ahora sí—recuerdos, al mismo tiempo que la narración descubierta por el nieto, además de unas cartas olvidadas, y otros detalles, dibujan el perfil del fallecido, encontrando que no coincide exactamente con lo que todos conocían de él.

Así, esta historia está cargada de sorpresas y giros copernicanos, no solo para los familiares de Santiago sino para el propio Santiago, que, desde su estado incorpóreo asiste sorprendido a los sucesos que van ocurriendo en los días posteriores a su fallecimiento y paso a una posición “astral” y flotante. Pero al mismo tiempo, mientras le dura esa vida inmaterial, le vuelven los recuerdos que el Alzheimer le robó, con lo que experimenta un cierto grado de felicidad post mortem.

La novela se lee de un tirón y el lector va de sorpresa en sorpresa, siempre y cuando acepte la situación en que se coloca el protagonista, excusa que le sirve al autor para relatar la historia de un modo más original y simpático. Como también la excusa de la novela leída por el nieto, ofrece otra versión de lo que podría haber sido la historia De Santiago, entrecruzándose de continuo con la narración principal. Hay, salpicados por entre los capítulos, unas notas alusivas a piezas musicales variopintas, que, probablemente, con un CD que acompañase el libro, tendrían más efecto, puesto que no todos los lectores pueden haber escuchado a —por poner solo un par de ejemplos—King Crimson o la espectacular aria de la Reina de la Noche en La flauta Mágica de Mozart.

En suma, un libro de recomendable lectura, bien escrito, con pasajes de gran nivel poético, y profundas reflexiones sobre la vida y la muerte que dejarán una huella en el lector.

Fuensanta Niñirola

viernes, 24 de mayo de 2024

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Alicia Muñoz


A veinte palmos del suelo.

El autor se muestra muy valiente al abordar un problema perteneciente a la filosofía que ha sido una constante en la historia del pensamiento, y es que el dualismo cuerpo-alma resulta una cuestión eternamente pendiente en la antropología filosófica. La dicotomía entre un alma imperecedera y un cuerpo corruptible se muestra ya en la tradición órfico-pitagórica, de la cual Platón recibirá influencias. El alma “cae” en el cuerpo y se encuentra atrapada en él hasta que este perezca. Otros autores como por ejemplo Descartes también defendieron siglos después una teoría antropológica dualista.

En el Fedón, diálogo en el que se relata la conversación que tuvo Sócrates con sus amigos el último día de su vida, se discute el tema de la inmortalidad del alma.

¿Por qué el verdadero filósofo no teme a la muerte? Porque ella le libera del cuerpo, que es un obstáculo para el alma en la búsqueda de la verdad. Pero, para que el filósofo, liberado del cuerpo, pueda alcanzar la verdad únicamente con su alma, es necesario que esta sea inmortal. La muerte, en la medida en que significaría la liberación del cuerpo para el alma, llega a presentarse como el fin que debe perseguir el alma filosófica, y la filosofía, en tal sentido, no es más que una preparación para la muerte. El alma, por lo demás, es considerada como una realidad simple cuya naturaleza se identifica con la razón o intelecto; no se establece ninguna relación pues entre el alma y las pasiones o la sensibilidad. Tranquilos, todo esto no es una lección rápida de filosofía sin más, veremos que sí tiene que ver con la temática de la novela. Y, es que la muerte acaba trayendo el entendimiento, de algún modo. Leyendo la novela, encontramos una sugerencia al respecto, tan sensata, posible y conveniente, que no podemos más que agradecer al autor que nos la haya presentado.

Sin duda, la historia que se nos cuenta, además de enganchar y entretener, pues se trata de una vida con muchos matices, intenta responder a alguna de las grandes preguntas de toda la historia de la humanidad; ¿qué hay después de la muerte?, ¿tenemos alma inmortal?, ¿y si tenemos alma inmortal o principio de inmortalidad, ¿cómo se interrelaciona en este mundo, con el cuerpo y la mente-psique-cerebro humano…? ¿es posible que alcancemos entonces una perspectiva y lucidez tan distintas que acabemos entendiendo y dando sentido a todo lo que hicimos? ¿es posible que recobremos entonces la cordura, que nos arrepintamos de lo no correcto, que consigamos encontrar la paz con nosotros mismos?

Hay cuestiones que son enormemente complejas y enormemente enigmáticas y misteriosas, como esta de la muerte o de la posible vida después de ella, sin embargo, a través de una historia bien narrada y construida, podemos acabar entendiéndolas.

Seguro que, en algún momento, hemos pensado: “¿Yo qué soy, tengo solo cuerpo? ¿hasta qué punto es el cerebro especial? o, ¿además de tener cuerpo-carne que acabará siendo polvo, tengo alma inmortal? Pues bien, la respuesta no requiere de pruebas científicas, no nos hacen falta, la respuesta viene aquí de la mano de una novela atrevida en la que se juega con las probabilidades: “nunca pudiste imaginar que eso de la 'otra vida' era estar levitando sobre las cabezas de tu familia, amigos y conocidos…” (pág. 18).

Y digo “atrevida” por varias razones: la narración predomina en segunda persona, aunque también la hay en primera y en tercera. Se trata de un juego literario que requiere de atención y buen dominio por parte del escritor. Trata temas universales como el amor y la muerte y los trata con la complejidad que necesitan. Nada es lineal o simple, todo puede tener varias lecturas y se nos presenta desde diferentes perspectivas. El autor nos proporciona un fondo musical: hay citas frecuentes de la melodía que acompaña al protagonista o al resto de personajes: la Rotterdam Philharmonic Orchestra, Mozart, Diana Damrau, Beethoven, Puccini, David Gilmour, Dulce Pontes, Silvio Rodríguez o Camarón. Se adentra en el tema de la enfermedad y describe sus síntomas (Alzheimer), como una prisión, una batalla diaria con un enemigo en la que la muerte supone la libertad, ya que trae el recuerdo “toda la memoria que cabe en una dilatada vida y que habías perdido” (pág. 25). Insinúa “secretos” que toca al lector completar. Nos invita a no esperar a la muerte para valorar a determinadas personas, situaciones… Escribe una novela dentro de la novela. También podemos entrever algún aspecto personal (el nieto…).

Sorprendentemente, tras la muerte uno está mejor, se ha recuperado la capacidad intelectual y se pueden ver y entender muchas cosas. Además, se tiene una facilidad increíble para recordar lo que antes se había perdido en el olvido propio de los años y la dolencia del protagonista.

Quisiera destacar que no me quedo en la mera ficción, sino que la historia nos hace reflexionar y plantearnos cosas sobre nuestra propia vida y la de nuestros familiares. Hay lazos afectivos y amores que no pueden explicarse, hay errores que tal vez podríamos haber evitado, pero que solo se ven con claridad una vez se han cometido. La infidelidad, las adicciones, la enfermedad e incluso algún que otro delito sobrevuelan la vida de los personajes y se van intercalando varias historias paralelas en un juego narrativo para el que el autor ha demostrado una gran habilidad y que nos mantiene el interés por saber más. Y, al final, resultará que ese tiempo “extra” que el protagonista ha descubierto sirve para poner muchas cartas boca arriba y para dejar varios asuntos cerrados tras haberles encontrado el sentido. En definitiva, no hay un cielo ni un infierno, sino tan solo unas vidas expuestas y el reconocimiento de una vulnerabilidad que todos, de alguna manera, poseemos.  Un tiempo “extra”, una especie de “prórroga” de la que todos querríamos poder disfrutar.

Alicia Muñoz

Presentación en Vuelo de palabras. Valencia, 15 de mayo de 2024

 













martes, 21 de mayo de 2024

Fotos, fotos, fotos...






Sinopsis

 


El difunto Santiago, protagonista de la novela, rememora desde un simbólico más allá (el techo de su habitación, a veinte palmos del suelo), su historia y la de su familia. Esta historia, que ya por sí sola despierta el interés del lector, se complementa con una embrionaria novela dentro de la novela, la peripecia de Mateo y Violeta, de indudable nivel metaliterario, que hace que la novela juegue con los paralelismos (casi se diría convergencias, pues las paralelas solo se encuentran en el infinito) que se establecen entre ambas historias.

Portadas opcionales





 

A propósito de "A veinte palmos del suelo" por Enric Olivares Torres

        A propósito de “A veinte palmos del suelo”. Abordar la pérdida de la memoria, la identidad, las relaciones más íntimas y cercanas ...